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Publicado en Noticias el Sábado 23 de Abril, 2022

Refugiados ucranianos en Lampa: “Somos como fantasmas”

Ubicado en un tráiler que le prestó un vecino en un terreno de su propiedad en Lampa, vive hace un mes y medio sin agua caliente, ni cocina. “Llegué con lo puesto y mi familia también.

Fuente: A la deriva los refugiados ucranianos en Chile – Diario Financiero

 

Mario Cárdenas llegó a Chile el 15 de marzo pasado. Su salida desde Kharkov, en la frontera con Rusia donde vivía junto a su mujer Irina Andriuschenko y su hijo Keilan de 3 años, fue televisada y cubierta ampliamente por varios medios nacionales. Pero una vez que pisó suelo chileno, siente que quedó abandonado a su suerte.

Ubicado en un tráiler que le prestó un vecino en un terreno de su propiedad en Lampa, vive hace un mes y medio sin agua caliente, ni cocina. “Llegué con lo puesto y mi familia también. Somos como fantasmas, yo pude sacar carnet, pero mi señora no. Mi hijo está como indigente, tuve que llevarlo al consultorio con una foto del pasaporte provisorio y de paleteada me atendieron”, cuenta.

Cuando aterrizó en Chile con su familia, dice, nadie le informó que debía entrar como refugiado para que pudieran tener algún tipo de apoyo. Desde ese entonces, está golpeando puertas.

Pero no es el único. Hay otras 11 familias chileno-ucranianas que desde que estalló la guerra han llegado al país. Aunque repartidas a lo largo de Chile, se mantienen en contacto a través de un WhatsApp para prestarse apoyo e intercambiar información.

Rodrigo Espinoza, su mujer Oleksandra Korkh y sus hijas Alina (18) y Solomia (2), fueron la primera familia en llegar al país desde que estalló la guerra en Ucrania. Desde Santiago partieron a Cabrero, en la Octava Región, donde vive el hermano de Espinoza y donde sus padres les facilitaron una cabaña.

Ha pasado casi un mes y medio y el hombre dice que no ha recibido ayuda desde el gobierno. “Solo cuando salimos de Kiev y estalló el conflicto, el presidente Piñera dijo que estaban ayudando a los chilenos, pero una vez que llegamos aquí no pasó nada”, agrega.

Dice que no han logrado obtener documentación y que en el caso de su mujer y sus hijas no han podido homologar sus vacunas, por lo que no pueden moverse, ni viajar a Santiago a hacer los trámites que necesitan, ya que no cuentan con pase de movilidad para subirse a un bus.

Espinoza es hoy quien lidera las tareas para acelerar los trámites que les permitan normalizar su situación y poder reiniciar su vida.

“Lo que hemos estado pidiendo es dignidad. Que nos ayuden a establecer los mecanismos para obtener la documentación necesaria. En España han tomado a los niños y los han llevado al colegio y se han preocupado de ellos, aquí eso no ha pasado”, dice. Y agrega: “Esto es una crisis humanitaria, no somos inmigrantes irregulares, teníamos que salir obligadamente, escapar de la guerra y nos pareció que lo lógico era venir Chile donde estaban parte de nuestras familias”.

Desde el Servicio Nacional de Migraciones, institución que empezó a operar como tal el 12 de febrero pasado –antes era el Departamento de Extranjería y Migración-, explican que hasta la fecha se han entregado 36 visas temporarias a personas provenientes de la guerra en Ucrania y que se está trabajando para acelerar ese proceso.

Se trata de visas que tienen una duración de ocho meses y con las cuales se puede optar a seguridad social, es decir, a tener atención de salud y educación en caso de los niños, niñas y adolescentes. Sobre la calidad de refugiados, dicen que es un trámite que puede demorar hasta 2 años en promedio y que una vez que se obtiene, la persona puede optar a tener residencia permanente en el país.

En paralelo, ya se enviaron a traducir al ucraniano las fichas e indicaciones para obtener visa y refugio, de manera de hacer frente a la barrera idiomática y el viernes se realizó la primera reunión por Zoom entre el Servicio Nacional de Migraciones y las familias para resolver dudas.

La situación de los niños también preocupa. Son en total cerca de 15 menores de edad que no están en condiciones de asistir a clases y que no han recibido ninguna atención, ni sicológica, ni de ningún tipo, desde que escaparon de la guerra.

Por lo mismo, estos antecedentes fueron puestos a disposición de la Defensoría de la Niñez hace dos semanas, donde se analiza si se oficiará al ministerio del Interior, del cual depende el Servicio Nacional de Migraciones o si se presentarán ciertas recomendaciones.

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