
Mantener el ayuno cada mañana a duras penas, aunque el cuerpo te pida comer desde antes de meterte ayer en la cama. Exponerte al sol nada más levantarte cuando te urge preparar eso que llevas rumiando toda la noche. Sacar diez minutos para meditar o escribir en el diario de agradecimiento cuando sigues dándole vueltas a lo de ayer y aún tienes que estirar la espalda porque llevas con dolor desde la semana pasada (a ver si mejoras). Importante también que no se te olviden los suplementos que compraste…