Lo confieso: este tema –como tantos otros que he escrito a lo largo de mi carrera profesional– ha nacido después de un dilema estilístico personal. Sí, hacer las maletas para irme de vacaciones de verano. Sentada frente un armario abrumador lleno de ropas y de ‘nada qué ponerme’, comencé a llenar la maleta de las prendas más recientes que había comprado. Error. Lo de hacer la maleta sin ton ni son debería estar prohibido, más sabiendo que eso nunca sale bien. Sin embargo, uno de los desaciertos que cometí…
