Cada 29 del mes, los argentinos reviven una tradición con sabor a historia. Comer ñoquis no es solo un ritual gastronómico: es una costumbre heredada de los inmigrantes italianos que creció con un simbolismo especial. La leyenda cuenta que San Pantaleón, un peregrino, fue recibido por una familia campesina que le compartió sus últimos ñoquis. Al despedirse, les dejó una bendición de abundancia. Desde entonces, cada 29 muchos colocan billetes debajo del plato para atraer suerte y prosperidad.