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Desde el primer minuto quedó claro que no sería una fecha más. El escenario circular, inédito en la historia del Monumental, borró la distancia entre artista y público: María estuvo siempre cerca, girando, mirándolo todo, habitando cada rincón del estadio. No hubo un “frente” privilegiado; hubo una experiencia compartida, inmersiva, casi teatral, que acompañó el corazón conceptual de Quimera. La noche se estructuró como un viaje. Cinco actos, cinco mundos, cinco estados emocionales. Los cuatro alter egos, Shanina, Maite, Gladys y Jojo, tomaron cuerpo con estéticas propias…