
Es domingo por la mañana y salgo a pasear con mi perra Greta. Me dispongo a llegar al mar andando. ¿De qué otro modo podría yo escribirle una carta de amor a Barcelona que caminando por sus calles? Además, poner los pensamientos en movimiento siempre será lo más importante que me enseñó mi madre. Antes de empezar a bajar, enfilo por las calles de mi barrio donde se entra a otra vida. Llego a las torres modernistas situadas a los pies de la montaña, en las que ya no vive casi ninguna familia. Ahora son…