
Hay un momento —a veces silencioso, a veces casi ceremonial— en el que un lector decide empezar. No importa la edad ni el bagaje previo: iniciar un camino en la literatura es, sobre todo, un gesto íntimo de curiosidad. Frente a la inmensidad de títulos, épocas y estilos, los clásicos suelen intimidar, como si fueran libros escritos para otros, para lectores expertos o para vidas más largas y tranquilas. Y, sin embargo, muchos de ellos nacieron con una vocación sencilla y profunda: contar una buena historia…