Para algunos sobrevivientes fue un héroe. Otros denunciantes dicen que les falló. Los contrastes son claros. En un caso, el papa León XIV —conocido entonces como el obispo Robert Prevost— se puso del lado de las víctimas de abuso sexual, y se enfrentó a poderosas figuras católicas en Perú. Buscó justicia para los afectados por un grupo católico con características de secta que reclutaba a los hijos de las familias de la élite y se valía del abuso sexual y psicológico para subordinar a sus miembros.