A lo largo de los siglos, la muerte y exequias de los papas fueron regidas por una solemne liturgia que el papa Francisco, fallecido este lunes a los 88 años, decidió simplificar, renunciando incluso a su sepultura en San Pedro. Este ritual, dividido en tres «estaciones» que corresponden a la vigilia, el funeral y la sepultura, estará orquestado por el cardenal camarlengo, el estadounidense Kevin Farrell, encargado de dirigir la Iglesia en «sede vacante» hasta el próximo cónclave. Estos son los pasos de las exequias tras la muerte del pontífice argentino, simplificados por voluntad suya en el ‘Ordo Exsequiarum Romani Ponteficis’ de noviembre de 2024.