
Cuando se produce un gran acontecimiento todos recordamos dónde estábamos en ese momento. La sorpresiva elección en 2013 de Jorge Bergoglio como pontífice fue uno de esos casos. En la media tarde argentina de un miércoles la noticia provocó un enorme impacto seguido de un gran entusiasmo en muchos de sus compatriotas que cumplían con sus obligaciones cotidianas. No fue el caso de la entonces presidenta Cristina Kirchner que reaccionó enfurecida. Es que ella y su marido siempre lo habían considerado textualmente el “jefe espiritual de la oposición”.