Mientras casi todos duermen, a las dos de la mañana, en Bartolomé Bavio (Magdalena), poco más de 100 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, se encienden 32 pailas. Allí, en esas ollas gigantes, empieza a cocinarse el dulce de leche que, sin que muchos lo sepan, está presente en la mayoría de los alfajores más vendidos del país. En una Argentina que consume casi tres kilos por habitante al año, hay un nombre que aparece en casi todos. Guaymallén, Fantoche, Jorgito, Havanna, Cachafaz. Marcas distintas, mismo…