Cuando empieza a aflojar el frío, Buenos Aires cambia el ánimo y el menú. Las veredas se llenan de mesas, los patios vuelven a tener vida y las terrazas se transforman en el lugar más codiciado para brindar, comer algo rico o simplemente ver pasar la ciudad. La temporada de sol saca lo mejor del costado gastronómico porteño: ese que combina ruido de copas, perfume a albahaca y conversaciones eternas al aire libre. El problema es que hay tanto para elegir que a veces uno se paraliza. Entre nuevas aperturas…