Incluso el team invierno más radical, ese que empieza a prender el aire acondicionado el 25 de septiembre y divaga entre sueños con tomarse un avión a Europa en Navidad y volver a Buenos Aires en abril, puede aceptar que la mejor época del año para salir a comer y juntarse con amigos es la primavera. Este es el tiempo de atardeceres largos y rosados, de la copa de vino bajo las estrellas que se transforma en dos y en tres en una charla, del brunch del domingo con olor a jazmines y soles intensos.