Dos amigos y un deseo: abrir en pleno barrio de Recoleta un restaurante con insumos de calidad y cocina de autor a precios accesibles para la zona sin renunciar a la excelencia de la experiencia culinaria. La locación elegida presta confusión a los transeúntes que pasan por la puerta ya que se trata de antiguo edificio de 140 años (hogar de la familia Pellegrini) que a pesar de su alcurnia tiene los mismos precios que cualquier confitería o restaurante de otros barrios.