Al empujar la puerta angosta de hierro, se abre un zaguán largo. La luz cálida apenas ilumina las paredes cubiertas de fotos y recortes de diario. Instantáneas de artistas, celebridades, anécdotas y ciertos escándalos que el tiempo suavizó, pero el lugar conserva como parte de su memoria viva. Más adelante, el espacio se abre y aparecen la barra y el salón: techos altos, mesas de madera, muebles antiguos que no combinan pero encajan perfecto.