Si alguna vez alguien soñó con comer pizza en un taller mecánico sin que le cobren el cambio de aceite, Garito Loyola, en Villa Crespo, es lo más cercano a esa experiencia mística. Donde antes se alineaban ruedas y se ajustaban bujías, hoy se estiran bollos, se arrastran sillas y se sirve pizza crocante con tronquito, esa especie en extinción que alguna vez supimos aplaudir antes de que la fiebre napolitana nos convirtiera en todos sommelier de cornisa quemada. En pleno corazón palpitante de un barrio que…