
El dueño del segundo mejor restaurante del planeta -y mejor parrillero del mundo- conversó con BBC Mundo sobre cómo llegó a dominar el «susurro del fuego» y transformar su oficio en un arte. Arginzoniz empezó siendo guardabosque… De ida y de vuelta, pasaba por el bar, a diez cuadras de su casa, cerrado hacía años por un conflicto entre los propietarios. Arginzoniz –que sólo sabía de cocina lo que había aprendido de su abuela y de su madre– pensaba que allí se podría hacer algo.