Conocí a un hombre en una comunidad a las afueras de Ciudad de Guatemala que había trabajado como cocinero de sushi en Estados Unidos, donde aprendió a hablar inglés e incluso un poco de japonés. Después de que fue detenido en una redada en su trabajo y deportado, soñaba con abrir su propio restaurante en Guatemala. Pero su confianza había chocado con una realidad difícil: en su país, no había una forma clara de hacer que sus nuevas habilidades fueran un medio de subsistencia. En cambio…