La escena se repite en cientos de mesas de Buenos Aires cada fin de semana. Terminó la comida, el mozo acerca la cuenta, se repasa el total y, de pronto, aparece un cargo inesperado: “servicio de mesa” o “cubierto”. A veces no es mucho —tal vez 600 o 800 pesos por persona—, otras puede rondar los 5 mil pesos. ¿Qué incluye exactamente? ¿El pan? ¿La mantelería? ¿El uso de los cubiertos? ¿Una atención especial? Nadie lo explica con claridad. Algunos clientes lo aceptan resignados, otros lo discuten…