Durante los últimos cuatro años, los líderes europeos han trabajado horas extraordinarias para defender la soberanía y la integridad territorial de Ucrania frente a la agresión rusa, a menudo elaborando declaraciones de condena enérgicas, manteniendo llamadas telefónicas a altas horas de la madrugada y reuniéndose en reuniones de crisis convocadas a toda prisa. Pero el pasado fin de semana, el guión cambió de forma dramática. Los líderes europeos se encontraron haciendo exactamente lo mismo…