«Ese día fue un día de desesperación para los niños y para las madres». Es el contradictorio recuerdo que Bianca D’Aniello tiene del momento en el que, con 10 años, se subió a uno de los «trenes de la felicidad». Era 1947 y los estragos de la Segunda Guerra Mundial en la otrora Italia fascista de Benito Musolini eran patentes. La pobreza arreciaba principalmente en el sur en plena posguerra. En un intento por mejorar la situación de la infancia que vivía literalmente en la miseria, como ella, otros 70.000…