Aviones privados sobrevolaban el archipiélago de Venecia y superyates imponentes surcaban las aguas de la laguna de la ciudad. Mientras los servicios de cáterin horneaban delicias venecianas mantequillosas, los manifestantes hacían planes. Perros detectores de bombas merodeaban por la isla verde de San Giorgio Maggiore, frente al palacio Ducal. Venecia, la ciudad construida por mercaderes y comerciantes, se preparaba esta semana para las nupcias del dux del comercio de la era digital.