La presentación de Bad Bunny ha tenido repercusiones mundiales. Desde una perspectiva cultural puede ser comprendida como la resistencia a la degradación y persecución de la población migrante en todo lugar y, con ello, una derrota -quizás solo coyuntural- de la “teoría del reemplazo” que la ultraderecha ha desarrollado en nombre de la defensa de la “cultura nacional” y las tradiciones que originan la identidad de una nación.
