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Lily Allen llevaba siete años sin sacar un disco, pero su divorcio del actor David Harbour ha llevado al lanzamiento sorpresa de West End Girl, tal vez el disco de ruptura y ajuste de cuentas más brutal de todos los tiempos: cuernos, vasectomías, un presunto adicto al sexo (algo de lo que ya había hablado Allen en su podcast), una amante californiana con pocas luces (la ficticia Madeline, basada en “otras” amantes de su pareja), un piso lleno de juguetes sexuales, la casi recaída en las drogas, celos…