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“¿Los regalo, los entierro, los quemo, los boto, qué hago?”. “Yo estaba demasiado feliz porque los quería tener, así que enseguida los puse en mi cartera, los puse en diferentes partes del cuarto, se lo di a los niños para que jugaran y por ahí estábamos todo bien”, recordó Lisandra, que tiene a los ejemplares desde el mes de mayo.
En ese sentido, los ejemplares que combinan diferentes colores y pelajes, han provocado malestares físicos y mentales a la cubana.