
Una de las cosas que más disfruto haciendo es leer por casualidad. Encontrarme con un libro o, como dirían las más poéticas, que el libro me encuentre a mí. El ir de paseo a una biblioteca o una librería y dejar que el libro me escoja, por así decirlo, es todo un placer. No es que no disfrute leyendo las recomendaciones de libros que hacen las expertas o yendo directamente a buscar ese libro que tanto llevo viendo por redes sociales desde hace meses, todo lo contrario. Pero la arbitrariedad es un placer…