Con neumáticos medios y con gomas duras, con un ritmo majestuoso desde que se apagaron los cinco semáforos rojo hasta la bandera a cuadros, Max Verstappen recuperó la velocidad y la voracidad que lo convirtió en tetracampeón del mundo para sellar una conquista superlativa. Un auto líder, como en el pasado, y un piloto que exprime al máximo el potencial del modelo RB21 cuando la factoría de Milton Keynes ofrece un coche competitivo, la conjugación perfecta para coronar con una victoria una obra que…