Después de un año de buscar trabajo, la abogada chilena Josefa Orellana, de 34 años, está tan desesperada que está postulando a cualquier oferta de trabajo que aparece, y todavía no ha tenido suerte. Formada en la prestigiosa Universidad de Chile, Orellana dice que las firmas de abogados no le devuelven los llamados, mientras otros potenciales empleadores —incluso ha postulado a empleos vendiendo frutas en el principal mercado de su ciudad— piensan que está sobrecalificada.
