En la vasta región del Alentejo, al sur de Portugal, mientras la mayoría del país duerme, grupos de trabajadores recorren los viñedos bajo la luz de sus linternas frontales. La escena, casi cinematográfica, responde a una tradición que se ha fortalecido en los últimos años: la recolección nocturna de uvas. Este método, además de pintoresco, tiene una razón práctica. Cosechar durante la noche permite preservar la frescura de las uvas y protegerlas de los efectos del calor extremo y la oxidación.