A los seis meses de su nuevo gobierno, el asalto de Donald Trump al comercio mundial ha perdido cualquier atisbo de organización o estructura. Ha cambiado plazos abruptamente. Ha dejado las negociaciones en el último momento, a menudo planteando cuestiones inesperadas. Ha vinculado sus aranceles a quejas que no tienen nada que ver con el comercio, como el trato de Brasil a su expresidente, Jair Bolsonaro, o el flujo de fentanilo procedente de Canadá.