
Las diferencias de opinión son inevitables: ni tu pareja, ni tu jefe, ni tu mejor amigo van a pensar siempre como tú. Y aunque no se trata de ir por la vida discutiendo cada detalle, tampoco de callarte solo para evitar tensión. A veces, un buen debate es necesario porque el asunto lo merece; otras, en cambio, no compensa gastar energía en una discusión incómoda por algo menor. Ahora bien, incluso cuando decides que no merece la pena discutir, eso no significa que tengas que asentir y darle la razón…