
Hubo un tiempo en que se medía el valor de las mujeres en función de cuántas tartas horneaban al día, de lo blanca que quedaba la colada y del número de hijos bien peinados que entraban en la escuela puntuales. Hoy, el paradigma de su valía se centra, como en los hombres, en el ámbito de la productividad, lo que ha empujado a ambos a caer en la trampa de la productividad implacable contra natura. Ahora, ellos y ellas se miden por la cantidad de asuntos que pueden resolver o atender, dentro y fuera del…