
¿Cuántas veces te sentiste distinta después de meter un buen baile? A veces es en la cocina; otras, mientras te preparás para una fiesta; y muchas, cuando estás limpiando. Nos movemos casi sin pensarlo, al ritmo de cualquier música; la sentimos en el cuerpo y despierta algo ancestral, una conexión física, pero también emocional. Bailamos como locas esos temones que nos llevan a la adolescencia, intentamos seguir a Shakira en su danza de caderas, hacemos la coreo del meneaíto y saltamos de la silla cuando…