
En una época en la que todo el mundo corre de aquí para allá, llenando hasta el último hueco libre con tareas pendientes o algún nuevo entretenimiento, y el temido FOMO nos acecha cada dos por tres, detenerse a no hacer absolutamente nada es casi un acto rebelde, pero es posible gracias al niksen. Este término holandés lleva meses dando de qué hablar, y describe ese pequeño lujo —tan sencillo como poderoso— de dejar descansar la mente sin distracciones, sin agenda y sin culpa.