Abres la puerta de tu habitación, dejas la maleta sin mucho cuidado en cualquier sitio y te tumbas en una cama queen size que, en ese momento, parece superar las dimensiones de un campo de fútbol. Un rectángulo mullido con el que llevas soñando desde que organizaste tus vacaciones y que ahora te absorbe, te anestesia, te atrapa; hasta podría decirse que ese primer contacto es casi una experiencia religiosa, envuelta en sábanas de algodón egipcio y silencio absoluto. Pero no es solo el cansancio acumulado…
