El primer paso para abordar el fracaso es redefinir lo que realmente significa. A menudo, lo asociamos con no alcanzar un resultado esperado. Sin embargo, la forma en que enfrentamos esta situación depende en gran medida de factores internos como la autoestima, la autoexigencia y las atribuciones personales. Según Pilar Conde, «las personas cuya valía personal depende del resultado obtenido, tienden a ser más vulnerables a emociones como la tristeza, la culpa y la decepción».
