El vino chileno no solo se exporta en botellas, sino que se saborea en paisajes y se vive como una experiencia. Una que cada vez más personas —dentro y fuera del país— quieren vivirlo. En los valles fértiles donde se cultiva la tradición del vino, el enoturismo en Chile dejó de ser un fenómeno incipiente para convertirse en uno de los motores del turismo nacional. Con 219 viñas abiertas al público —una cifra récord— y una creciente diversidad de experiencias, el país está consolidando una ruta del vino…