Basta solo con hablar con viajeros o con cruzar la Cordillera de los Andes para confirmar que, al igual que la vieja mula de Los Simpson, los precios en Chile ya no son lo que eran. Salvo excepciones -como, por ejemplo, algunos electrodomésticos, artículos de electrónica o prendas de vestir puntuales (sobre todo, en lo que hace a variedad)-, ya no hay mucha diferencia entre comprar en Argentina o en Chile. A ello, se suma la facilidad de financiar -del lado argentino- el pago con tarjeta de crédito.