En los últimos días circularon imágenes tan elocuentes como incómodas: largas filas de jóvenes misioneros cruzando la frontera hacia Brasil para trabajar en la cosecha. No se trata de un fenómeno nuevo, pero sí de uno que se volvió visible y masivo. La postal interpela. ¿Cómo se explica que una provincia argentina con tierra fértil, clima favorable y una población de origen similar a la del sur brasileño expulse mano de obra joven hacia el país vecino? La pregunta es legítima, sobre todo cuando…