
La decisión del Gobierno de eliminar completamente los aranceles a la importación de celulares buscó un objetivo claro: bajar precios y «normalizar» el acceso a la tecnología. Sin embargo, el resultado inmediato muestra un límite evidente. Aun sin impuestos de importación, los celulares en la Argentina seguirán costando hasta el doble que en Chile o Estados Unidos. El problema ya no es solo fiscal ni comercial. Es productivo. Hoy, el smartphone dejó de ser un bien de consumo para convertirse en infraestructura…