El diario de un viaje a Haití solo puede ser acelerado. No hay espacio para el reposo. Y quizá esta premisa le da un valor singular. Las reflexiones son auténticas, naturales. Según brotan las sensaciones se graban sin filtro. Da igual que sea en un territorio de nadie de Puerto Príncipe, la capital, en el que resuenan las detonaciones y solo nos cruzamos con algún viandante despistado y multitud de vehículos blindados hacia un destino incierto, pero con un rumbo definido: el que marca los disparos…