El año pasado, su casa -bautizada La Llorona- fue elegida como la mejor del concurso de ornamentación que organiza el barrio. “Fue una alegría enorme porque lo hacemos con mucho cariño, sin pensar en ganar. Pero ver la reacción de la gente y de los chicos fue lo mejor de todo”, cuenta Carolina, quien vive con su esposo y sus dos hijos de 10 y 12 años. Desde entonces, la casa de La Llorona se volvió parada obligada para todos los que recorren Dalvian en busca de sustos, caramelos y fotos. Este año, Carolina…