En Devoto, donde el aroma a barrio se mezcla con el sonido de las pelotas de tenis, el club Félix Marino volvió a tener vida más allá de las canchas. Su buffet, que durante años funcionó como punto de encuentro de socios y parroquianos fieles, acaba de renacer bajo la mirada de un grupo de gastronómicos que decidieron rescatarlo del olvido. La fórmula ya demostró funcionar en otros clubes como el Biblioteca Artigas en Agronomía o el Central de San Martín: espacios con historia, actualizados sin perder el alma.