Pisos de mármol, paredes símil piedra, vitrales y mesas de estilo. Por el precio de un café, en Buenos Aires es posible sentirse por un rato como un personaje de la Belle Époque. En plena Recoleta, la esquina de Pacheco de Melo y Ayacucho recibe con mesitas instaladas en el porte cochère, lo que fue la entrada para autos del Palacio Basavilbaso, convertido ahora en restaurante y cafetería. Basta con atravesar alguna de las tres señoriales puertas de hierro para empezar a disfrutar de la recepción del petit hotel…