Hay lugares con magia. Espacios que parecen diseñados para que la naturaleza y la cultura se abracen sin estridencias. Uno de esos rincones se encuentra en el piedemonte mendocino, allí donde los caminos de ripio serpentean al pie de la cordillera y el aire cambia de textura. Puesto del Indio con su exclusivo restaurante Isidris se han convertido en uno de esos refugios donde el lujo dialoga con la rusticidad y donde cada detalle parece pensado para que el visitante se sienta en el centro de una postal.