Brasil tiene una riqueza que gran parte del mundo codicia enterrada en capas de arcilla y roca: millones de toneladas de minerales de tierras raras necesarios para construir drones y robots, coches eléctricos y misiles teledirigidos. Durante años, Brasil y Estados Unidos han conversado discretamente cómo la inversión y la asistencia estadounidenses podrían ayudar al país sudamericano a obtener estas vastas reservas de tierras raras, las segundas mayores del mundo.