Cuando los agentes de inmigración llegaron a la finca donde trabajaba, Jaime Alanis intentó esconderse. Mientras decenas de sus compañeros eran detenidos, trepó al techo de un invernadero. Alanis esperaba pasar inadvertido. Pero la huída no le salió bien: Alanis se cayó, se rompió el cuello y se fracturó el cráneo. Unas horas después, murió en el hospital. Mientras tanto, los agentes de inmigración lanzaban gases lacrimógenos contra unas 500 personas que se había concentrado para frenar las redadas…