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Hacía mucho tiempo que María no pisaba Argentina con la intención de quedarse. Su camino, hasta entonces, la había llevado por destinos que jamás imaginó conocer. Y en cada uno de los diversos rincones del mundo a los que llegaba, algún intercambio de palabras o descubrimiento en las redes, habían bastado para que continuara su periplo, donde trazaba un mapa improvisado en una travesía de vida atravesada por el deseo de aprender, crecer y conmover su alma. Pero ahora estaba allí, en Ezeiza…