Por momentos, la entrada del barrio San Cayetano, en Campana, parece una terminal improvisada. Personas desbordadas, agua hasta las rodillas, bidones, cajas con fideos, perros asustados. Pero, sobre todo, gritos: «¡Necesito un bote, necesito un bote, quiero ir a ver mi casa!» El cielo está completamente celeste, y el sol salió después de varios días, como si quisiera pedir disculpas. Pero el agua sigue ahí, marrón, cubriendo hasta la mitad muchas viviendas. Ya no llega hasta los techos, como sucedió en…