Recuerdo bien 1974. Con la inflación en aumento, el gobierno inglés estaba enfrascado en una lucha con los sindicatos por los salarios de los trabajadores y parecía paralizado: si se enfrentaba a los mineros, las huelgas podían hacer colapsar el sistema eléctrico, pero si cedía y les pagaba más, la inflación se dispararía. Y entonces, la crisis mundial del petróleo surgió de la nada. Sumió a las economías, incluida la británica, en el caos. El gobierno impuso una semana laboral de tres días.